Una manta que se usa a diario en el sofá acumula pelusa con más facilidad de lo que parece, especialmente si convive con cojines o prendas de tejidos distintos. Con el roce constante, pequeñas fibras se sueltan y se acumulan en la superficie, dando a la manta un aspecto descuidado aunque el tejido siga en buen estado por debajo.
Antes de empezar, conviene extender la manta sobre una superficie amplia y bien iluminada, de modo que toda la zona quede a la vista. Trabajar así, en lugar de sobre el propio sofá, facilita mucho ver dónde se concentra realmente la pelusa.
Pasar el cepillo con movimientos suaves
Un cepillo suave, pensado para tejidos delicados, se pasa con movimientos cortos y en una sola dirección sobre toda la superficie. Este gesto repetido levanta la pelusa sin dañar las fibras del tejido, siempre que se evite frotar con fuerza en un mismo punto.
Las zonas más gastadas, como los bordes o el centro donde suele apoyarse el cuerpo, necesitan varias pasadas adicionales, ya que ahí la pelusa suele acumularse en mayor cantidad. Conviene revisar estas zonas con calma antes de dar por terminada la tarea.
Al terminar, la manta se sacude con suavidad para que las fibras sueltas caigan del todo en lugar de quedar atrapadas entre los hilos. Un último vistazo a contraluz ayuda a comprobar si queda alguna zona por repasar.
Con este cuidado periódico, la manta conserva un aspecto limpio y agradable al tacto durante mucho más tiempo, en lugar de acumular pelusa semana tras semana. La tarea apenas lleva unos minutos, pero marca una diferencia notable en cómo luce el sofá cada día. Guardar el cepillo cerca facilita convertir este gesto en una costumbre sencilla.